jueves, 25 de septiembre de 2014

LA ENTREVISTA DE FRANCO CON HITLER EN HENDAYA. LAS FOTOS TRUCADAS.

Es 23 de octubre de 1940 en la estación de Hendaya, frontera francesa con España. Tres compañías de infantería alemana con su banda de música esperan formadas en un andén engalanado con banderas nazis y españolas. El Führer, Adolf Hitler, con su ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, que han llegado con tiempo, pasean por el andén mientras repasan la estrategia que llevarán a cabo para entrevistarse con el Caudillo.

En este vídeo se puede ver el encuentro.



Hitler ha exigido a Franco que se presente allí, tras el desencuentro de sus ministros en conversaciones diplomáticas previas. Tiene una petición muy clara: que España le permita atravesar el territorio español para conquistar Gibraltar. Tras haber aplastado al ejército anglo-francés en Dunkerque (26 de mayo de 1940) y haberse rendido Francia (22 de junio de 1940), Alemania tenía al continente europeo bajo control. La única potencia que se le resiste es Reino Unido. Su potente marina imposibilita un desembarco en las islas. Durante ese verano, el Führer había creído que si sometía a las ciudades y a la industria británica a un constante bombardeo lograría doblegar a este país. Pero, los planes se torcieron porque la aviación inglesa (la RAF) supo contrarrestar las oleadas de la Luftwaffe y la moral de resistencia se mantuvo. Por eso, en octubre, Hitler cree que debe cambiar de estrategia. Sus nuevos planes son estrangular a la Isla cortando los suministros que les llegan desde sus colonias. Si lo consigue, la rendición sería rápida. Y si domina el paso del estrecho de Gibraltar, Inglaterra dejaría de recibir los apoyos que le vienen desde la India.

La batalla de Inglaterra. Bombardeos sobre el sur.



La España de Franco se lo debe por la ayuda prestada durante la Guerra Civil. La colaboración que hasta ahora le había dado nuestro país no había pasado de las buenas palabras de apoyo y de un repostaje y avituallamiento clandestino en nuestros puertos de los submarinos U25 alemanes que hostigan a la flota inglesa en el Atlántico. La diplomacia alemana y española se han reunido varias veces, pero Ribbentrop no ha conseguido más que una declaración de España de "no beligerancia" oficial en el conflicto.

Joachim von Ribbentrop y Ramón Serrano Súñer, ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y España respectivamente, en uno de sus cordiales encuentros.



Franco está de acuerdo en conquistar Gibraltar. Es una reivindicación española desde el mismo momento en que se perdió este territorio en 1713 y, de hecho, desde el discurso del 18 de julio de 1940, aniversario del "Glorioso Alzamiento", anima con soflamas reivindicativas a los jóvenes falangistas. Incluso tiene preparado un plan de conquista de la roca. Pero Franco aguarda a un momento propicio, el momento en que Inglaterra esté a punto de rendirse. Antes no puede hacerlo porque la superioridad de la marina inglesa impediría el abastecimiento de recursos tan esenciales para la supervivencia del país como son el petróleo y los alimentos que llegan a España de América. Una intervención precipitada también pondría en peligro el archipiélago canario e incluso daría tiempo a que la artillería de la armada inglesa pudiera causar grandes daños sobre las ciudades costeras españolas. Su idea es apuntarse a última hora para figurar entre los vencedores que se repartan el pastel, pero no antes.

El Peñón de Gibraltar en 1940.



Además las ambiciones de Franco no se limitan a Gibraltar. Se cree un gran estadista y piensa que puede imponer a Hitler otras condiciones a su intervención. En el fondo aspira a construir un imperio colonial a costa de los territorios franceses del norte de África. Cree, con razón, que, cuando en la Conferencia de Algeciras de 1906, se dividió Marruecas en dos partes, a España se le entregó el "hueso duro de roer" del Rif y a Francia se le dio el territorio mayor y más provechoso. Ahora, viendo a Francia derrotada, aspira a que Hitler le entregue el resto y..., porqué no, ya que estamos, también reivindica Argelia (el Oranesado) y ampliar  la Guinea Ecuatorial. De momento, Franco se ha contentado con ocupar en marzo de 1940 la ciudad de Tánger, de extraña situación jurídica como zona internacional. Piensa el Caudillo que tampoco vendría mal que Alemania ayudara más económicamente a España en la reconstrucción de la posguerra... ¿Son los cuentos de la lechera? Sus peticiones son claramente desproporcionados a lo que España puede ofrecer.

Situación de la zona tal y como está dividida en 1940.



Lo que Franco quiere evitar de todos modos es que Hitler marche por España con su ejército porque...  nunca se sabe. La última vez que tropas aliadas francesas se desplegaron por España para conquistar Portugal se convirtieron en tropas de ocupación y ocasionaron la Guerra de la Independencia. Además la ocupación de Gibraltar por parte del ejército alemán sería sustituir en este territorio a Gran Bretaña por un nuevo amo colonial, no significaría su restitución al país. Para Franco y para el Ejército, una intervención alemana exclusiva sería una humillación. Pero, al mismo tiempo, cómo negarle algo al Führer que en menos de un año ha derrotado a Polonia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Francia y Gran Bretaña y que posee más de 180 divisiones inactivas al otro lado de la frontera.

Portada del libro del que están sacadas algunas de las informaciones más novedosas de este artículo. La imagen de Franco al teléfono con la foto de Hitler sobre su mesa no tiene desperdicio.



El Estado Mayor del Generalísimo tampoco es favorable a una intervención inmediata. Los militares que lo conforman esgrimen exageradas razones logísticas (la falta de preparación de las tropas y el mal estado del material bélico) y, por supuesto, la misma inoportunidad del momento elegido para realizar la conquista del Peñón. Ninguno de ellos argumenta una de las razones básicas, que han sido comprados por el Servicio de Inteligencia Británico para que boicoteen esa eventualidad. Hoy sabemos gracias al historiador Manuel Ros Agudo (La Guerra secreta de Franco, Ed. Crítica, 2002) que unos 30 generales estaban recibiendo un generoso soborno a través de Juan March para que desaconsejaran al Caudillo la participación en la guerra. Para vencer los posibles escrúpulos de los sobornados, el banquero los hizo creer que, en realidad, el dinero procedía de un consorcio de bancos y grandes empresas españolas a los que perjudicaría la entrada en la guerra. La realidad es que en año y medio, el gobierno británico transfirió, vía Nueva York, la fabulosa cifra para la época de 156 millones de pesetas en dólares (si lo consideramos al cambio oficial) o hasta cerca de 600 millones de pesetas (al cambio de mercado negro). El principal beneficiario de los sobornos es el general Aranda, el heroico defensor de Oviedo (en este momento Jefe de la Escuela Superior del Ejército), que percibía la bonita cifra de dos millones de dólares. En la nómina posiblemente también estarían los generales Varela (ministro del Ejército entre 1939 y 1942), Carlos Martínez Campos (jefe del Estado Mayor Central), Kindelán, Miguel Ponte, Fidel Dávila, Andrés SaliquetJosé Monasterio.

Hitler y Franco pasando revista a las tropas a la llegada a Hendaya. Nótese la habilidad que ha demostrado el pequeño Caudillo para empujar al Fuhrer hacia el borde del andén, desplazándole de la estrecha alfombra de ceremonias.


La entrevista comienza con mal pie. El tren de Franco se retrasa debido al mal estado de las vías. La leyenda posterior atribuirá esta anécdota a una estratagema de Franco para poner nervioso a Hitler. Nada más alejado de la realidad, porque lo último que deseaba el dictador español era tener mal predispuesto al canciller alemán. Acompaña a Franco su cuñado y ministro de Exteriores, Ramón Serrano Súñer. Después de los saludos protocolarios y de pasar revistas a las tropas, comienza la reunión en el tren.

La entrevista dentro del vagón de Hitler.



Franco expone sus razones. Hitler no quiere ni hablar de las reivindicaciones territoriales en África a costa de Francia, lo que le enemistaría con otros dos aliados: con la Francia de Vichy al que pertenecen los territorios y con la ambiciosa Italia que también desea su parte en el norte de África. Es un diálogo de sordos, en donde ninguno de los dos quiere ceder y repiten enconados sus argumentos y donde, incluso, Hitler llegó a hacer veladas amenazas de recurrir a la fuerza. La prensa recogería la noticia, sin embargo, como una conversación cordial en un ambiente de camaradería y las fotos que trascienden son todo sonrisas y apretones de manos.

Franco y Hitler en el andén de Hendaya el 23 de Octubre de 1940. Las primeras palabras y apretones de mano en el andén de la estación. Un traductor permite repetir las palabras de cortesía.



La realidad es que tras varias horas ninguno de los dos se sale con la suya. Hitler no conseguirá que Franco le permita atravesar la península para tomar Gibraltar o que sea la misma España quien realice la acción militar. Pero Franco tampoco puede dejar Hendaya sin llegar a ningún compromiso. Esa noche se redacta un documento por el cual España se une en secreto al Eje Berlín-Roma-Tokio y se compromete a entrar en la guerra en cuanto se den las condiciones necesarias. Tal documento desapareció de los archivos españoles, posiblemente cuando se quisieron borrar pruebas de hasta qué punto colaboró el régimen franquista con el nazismo, pero se conserva la copia alemana que fue confiscada por los Estados Unidos al acabar la guerra. El texto dice: "(...) en cumplimiento de sus obligaciones como aliada, España intervendrá en la presente guerra contra Inglaterra al lado de las potencias del Eje una vez que haya recibido la ayuda necesaria para su preparación militar, en el momento que se fije de común acuerdo por las tres potencias (...) Alemania garantizará a España ayuda económica, facilitándole alimentos y materias primas, así como haciéndose cargo de las necesidades del pueblo español y de las necesidades de la Guerra".

La despedida algo precipitada después de nuevas horas casi infructuosas.



Las fotos trucadas.

De aquella reunión no sólo se han intentado hurtar documentos, sino que también el aparato de propaganda franquista intentó manipular las imágenes, como ha demostrado el descubrimiento de nuevas fotos reveladoras de que el retoque fotográfico ya existía en la España de 1940. La prensa española de los días siguientes dedica amplio espacio a la entrevista subrayando la sintonía entre los dos líderes. En la ilustración fotográfica que acompaña a los artículos, el Caudillo aparece obsequioso y su imagen es transformada según las ediciones. La foto más manipulada tal vez es la que muestra a los dos dictadores pasando revista a las tropas en el andén. Hay tres retoques fundamentales. En las primeras fotos publicadas, Franco aparecía con los ojo cerrados, lucía al pecho la Cruz del Águila alemana y en el plano de cuerpo entero, al lado de Hitler, se notaba su exigua estatura. En ediciones posteriores, la agencia EFE cambia varios detalles. La primera manipulación se produce en el rostro del Generalísimo que se recorta y al que se le sustituye por un rostro sonriente y seguro. La segunda es mucho más importante: la medalla que porta no es alemana sino una condecoración española, la Medalla al Mérito Militar, Franco aparece saludando y Hitler estático y con guantes. Las dos imágenes han sido recortadas de otras instantáneas y colocadas en el marco de la primera toma de Hendaya. De hecho, la figura de Franco ha crecido y ya tiene una altura semejante a Hilter.

Las fotos manipuladas.



Un mes después del encuentro de Hendaya, el 14 de noviembre de 1940, Ribbentrop cita a Serrano Súñer en el "Nido del Águila" para fijar de una vez por todas la entrada en la guerra y tomar Gibraltar. Serrano descubre que el plan está minuciosamente preparado. El ministro español despliega sus argumentos que no han cambiado desde la anterior cita: la situación del país le impide entrar todavía en guerra. Con habilidad consigue que Hitler le otorgue un nuevo aplazamiento.

Serrano Súñer en Berlín entre los altos mandos del partido nazi.



Por indicación de Hitler, Mussolini invita a Franco a una entrevista en Italia. La entrevista se celebra en el pueblecito de Bordighera el 12 de febrero de 1941. Tampoco en esta ocasión habrá cambio en las posiciones de España. La actitud de Franco no es obstinación, tiene que ver con la desconfianza de que Gran Bretaña aún no se encuentre derrotada y puede sumir en la miseria más absoluta a España al impedir las importaciones de petróleo y trigo. Ese mismo mes , por su parte, los alemanes han decidido en secreto lanzar una ofensiva en junio sobre la URSS (la Operación Barbarroja). Este hecho aplazará sine die los planes de Alemania sobre Gibraltar y el Mediterráneo y permitirá a Franco participar sutilmente en la guerra a través de un grupo "voluntario" conocido como la División Azul, cuyo objetivo será combatir exclusivamente en Rusia contra el comunismo.

Encuentro el 12 de febrero entre Franco y Mussolini en Bordighera.



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